¿Qué es la soledad? En simples palabras, la Real Academia Española la define como la carencia voluntaria o involuntaria de compañía. Muchas personas, especialmente las mujeres hormonales (como yo) creen que la soledad es mala. Pues sí lo es; pero se le puede sacar provecho porque también es necesaria. Alguien dijo: “La soledad no es motivo de tristeza, es motivo de reflexión”. Utilízala para rencontrarte.
Hacía ya varios meses que no escribía. Quizá porque no había estado sola o quizá porque no había afilado el lápiz lo suficiente. Hoy quiero decirles que una de las partes más complicadas y a la vez gratificantes de la soledad es estar solo. Me explico:
Existen varios tipos de soledad y una de ellas es la ausencia de un ser querido. Cuando (por separación, muerte u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra vida, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío que nos sume en la tristeza y la desesperanza.
Otra forma de soledad es la soledad social. Hay quienes apenas se relacionan con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos. Esta es una soledad muy común en estos tiempos. Se sienten incapaces de contactar con un mínimo de confianza a las personas que los rodean, temen al rechazo. El ser humano es social por naturaleza y una red de amigos para compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para una vida feliz.
Otra forma de soledad es la que sucede en estado transitorio, nada más. La soledad podemos convertirla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad.
En ocasiones sentimos que caemos y la parte dolorosa de esta caída es sentir que no tenemos una mano amiga que nos levante. A veces queremos un abrazo o un hombro para llorar, pero estamos solos aun teniendo compañía. La culpa no es de quien te acompaña. Lamentablemente, no todos nacieron para abrazar o para prestar su hombro.
Si en tu soledad reflexionas y te encuentras contigo mismo, entonces nunca estarás solo.
