Todos mis escritos dan inicio con una frase popular. Esto es a consecuencia de que alguien una vez me dijo: “Nada como una frase curiosa para romper el hielo”. Esta es mi forma de entrar en calor a la hora de hablar o escribir. Aunque debo aclarar que no siempre me resulta.
Utilizar frases de otras personas o refranes populares de algún autor desconocido cuando escribo, resulta ligeramente fácil porque puedo cambiarlas hasta que el escrito quede bien. Sin embargo, cuando quiero romper el hielo en algún lugar y entablar conversación resulta difícil porque no siempre digo la frase correcta.
Honestamente, son muchas las veces que mi esposo me regaña y me dice: “¿Por qué caramba dijiste eso?” o mejor aún: “Tú y tus comentarios” y la clásica: “Es que tú eres bicha y caes mal cuando hablas”. Pues para que sepan, mi reacción siempre ha sido la de levantar los hombros y seguir campante. Total ya lo dije y no puedo dar marcha atrás. Como dicen por ahí: “Lo hecho, hecho y a lo dicho pecho”.
Hubo un tiempo, que traté de hacer las cosas distintas para probar suerte. Me cambie el color del pelo. Pensé que quizá el rubio me daba cierto look de fiestera por aquello que dicen de que las rubias se divierten más o perpetuaba mi look de surfista. El look de hippie surfista siempre ha sido mi favorito y aunque podría jurar que fueron mis mejores tiempos, en cierta manera debo admitir que fue una etapa muy poco productiva en mi vida.
El peinado y el color de pelo, acentuaron bien. Me veía más sería, más clásica y hasta le sumé espejuelos al estilo. Deje de utilizar mis frases o chistecitos ‘rompe hielos’ y a comportarme un poco más humilde cuando hablaba o trataba de encajar en alguna conversación. ¿Quieres saber que me pasó? Pues todo lo contrario que esperaba.
Deje los espejuelos, volví a ser una bicha cuando hablo y me voy a pintar el pelo de rubio otra vez. Con el pelo oscuro se me ven más las canas. Estar todo el día con espejuelos hace que me de migraña por las noches cuando me los quito y el tratar de ser humilde cuando hablo, hace que me ignoren, me interrumpan y en ocasiones, que ni me permitan hablar. Entonces, ¿Para qué cambiamos?
Para encontrarnos. Para descubrir quién es tu verdadero YO. Hay personas a las que los cambios le resultan, pero si no lo intentan nunca lo sabrán. A mí no me resultó y eso no significa que más adelante no acepte otros cambios en mi vida. Hay que reinventarse física y emocionalmente, sin perder la esencia de quien verdaderamente somos. Se lo que quieres ser, cambia, prueba, busca, intenta, logra, alcanza y realiza.
Olvida que a los demás les guste. Si tú te gustas como persona, lo demás llegará por añadidura. Inténtalo… ¿Qué más da?
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
Columnas de opinión con un toque coqueto de humor sobre las situaciones que vivimos día a día...
21 de agosto de 2011
12 de agosto de 2011
El amor y su manual de instrucciones...
Todos los que se han enamorado alguna vez saben que el amor no viene solo. Paulo Coelho escribió una vez: “No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas”.
Qué bonito cuando amamos de forma recíproca y recibimos amor a cambio. Pero que difícil cuando las cosas se complican y no sabemos qué hacer. ¿Es justo confundirse? Sí, muy justo. Lo que no es justo, es cometer errores por confusión. Eso no se justifica.
Una vez pregunté por el manual de instrucciones y los que me escucharon a toda prisa pidieron copias, aún sin saber si existía. Pues lamento informarles, que de las cosas que trae el amor, el manual de instrucciones no está incluido. El amor es algo que cada quien hace y que cada quien (como creador de su amor) debe manejar.
Podemos pedir consejos a personas con experiencia que nos den alternativas u opciones. Por lo general, el comportamiento del ser humano, aunque no tiene manual de instrucciones, es protocolar en varios puntos y por eso los consejos funcionan. Me explico:
La mujer si es ama de casa a tiempo completo, entre las tareas del hogar y los niños, no le sobra mucho tiempo para estar arreglada en las tarde cuando el esposo llega. Si la mujer trabaja fuera, generalmente esta arreglada pero con la casa hecha añicos. Ambas situaciones, nos estresan y nos enloquecen.
“El hombre es hombre”. Este espécimen raro, tiene el talento innato de trabajar, proveer, ser padre, ser atletas y sentarse a ver el futbol con la expresión en el rostro de que aquí no pasa nada. También están los que no trabajan y no hacen mucho, pero de esos no voy a hablar.
¿Y qué tiene q ver esto con mi escrito? Pues que a pesar de no traer el manual de instrucciones, el que todos se parescan tanto permite que las experiencias de algunas, ayuden a otras. Ese es el verdadero manual. El que cada quien escribe a base de su experiencia y comparte con los menos experimentados.
En mi caso, ese manual con experiencias sí funcionó. Hace varios días mi nave confrontó turbulencias. Llame a mi manual de instrucciones y basándose en sus experiencias, me ayudó. Qué bien me sentí teniendo un guía, alguien experimentado que me levanto y me dijo: “A mí me pasó. Esto es así y asá y debes hacer esto, aquello y lo otro. Pero la decisión es tuya”.
¿Qué decidí? Pues seguir adelante. Yo no soy de las que se quitan. Mi familia, mis hijos y mi hogar son mis prioridades en este momento. Ya la turbulencia pasó y ahora estoy calmando los nervios, esperando el aterrizaje. Todavía quedan razones para luchar y salir adelante. Nadie dijo que sería fácil y lo que necesitamos es que sea posible.
¿Por qué comparto esto que me pasó? Porque de esto se trata mi Blog; de Vivencias…
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
PD. Si me tardo en escribir, es que la nave aterrizó en una segunda luna de miel... “Después de la tormenta, viene la calma” y “Lo que no nos mata, nos hace más fuerte”…
Qué bonito cuando amamos de forma recíproca y recibimos amor a cambio. Pero que difícil cuando las cosas se complican y no sabemos qué hacer. ¿Es justo confundirse? Sí, muy justo. Lo que no es justo, es cometer errores por confusión. Eso no se justifica.
Una vez pregunté por el manual de instrucciones y los que me escucharon a toda prisa pidieron copias, aún sin saber si existía. Pues lamento informarles, que de las cosas que trae el amor, el manual de instrucciones no está incluido. El amor es algo que cada quien hace y que cada quien (como creador de su amor) debe manejar.
Podemos pedir consejos a personas con experiencia que nos den alternativas u opciones. Por lo general, el comportamiento del ser humano, aunque no tiene manual de instrucciones, es protocolar en varios puntos y por eso los consejos funcionan. Me explico:
La mujer si es ama de casa a tiempo completo, entre las tareas del hogar y los niños, no le sobra mucho tiempo para estar arreglada en las tarde cuando el esposo llega. Si la mujer trabaja fuera, generalmente esta arreglada pero con la casa hecha añicos. Ambas situaciones, nos estresan y nos enloquecen.
“El hombre es hombre”. Este espécimen raro, tiene el talento innato de trabajar, proveer, ser padre, ser atletas y sentarse a ver el futbol con la expresión en el rostro de que aquí no pasa nada. También están los que no trabajan y no hacen mucho, pero de esos no voy a hablar.
¿Y qué tiene q ver esto con mi escrito? Pues que a pesar de no traer el manual de instrucciones, el que todos se parescan tanto permite que las experiencias de algunas, ayuden a otras. Ese es el verdadero manual. El que cada quien escribe a base de su experiencia y comparte con los menos experimentados.
En mi caso, ese manual con experiencias sí funcionó. Hace varios días mi nave confrontó turbulencias. Llame a mi manual de instrucciones y basándose en sus experiencias, me ayudó. Qué bien me sentí teniendo un guía, alguien experimentado que me levanto y me dijo: “A mí me pasó. Esto es así y asá y debes hacer esto, aquello y lo otro. Pero la decisión es tuya”.
¿Qué decidí? Pues seguir adelante. Yo no soy de las que se quitan. Mi familia, mis hijos y mi hogar son mis prioridades en este momento. Ya la turbulencia pasó y ahora estoy calmando los nervios, esperando el aterrizaje. Todavía quedan razones para luchar y salir adelante. Nadie dijo que sería fácil y lo que necesitamos es que sea posible.
¿Por qué comparto esto que me pasó? Porque de esto se trata mi Blog; de Vivencias…
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
PD. Si me tardo en escribir, es que la nave aterrizó en una segunda luna de miel... “Después de la tormenta, viene la calma” y “Lo que no nos mata, nos hace más fuerte”…
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8 de agosto de 2011
Todos lloramos...
Existen muchas frases alusivas al tema del llanto. Mi favorita es: “Las lágrimas son palabras que no se dicen”. ¿Entonces por qué callamos? ¿Será que nos gusta llorar? En mi caso soy como Shakira y sólo lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay ‘frío’. Hoy, decidí escribir para los que lloramos.
El llanto en general es, cuando una persona derrama lágrimas en reacción a su estado de ánimo. La acción de llorar se define como un fenómeno secretomotor complejo del ojo, que consiste en derramar lágrimas sin que haya una irritación del aparato visual. Yo lo resumo de la siguiente forma: Las lágrimas son para limpiar los ojos y el llanto, para limpiar el alma.
Desde mi primera clase de poesía en octavo grado, me gusto escribir. Comencé con poemas sencillos de amor y con el tiempo, añadí complejidad a mis escritos. Podría decir que mi primer libro lo escribí a los 14 años (1994). Era una libreta de Pocahontas titulada: “Lágrimas”. Estaba compuesta por más de 30 poemas dedicados al mismo chico y los títulos de los poemas eran: Lágrimas 1, Lágrimas II, Lágrimas III, IV, V…
De esa libreta sólo me queda el recuerdo de varios versos. En un recogido intenso, mi mamá la hecho a la basura, pues no sabía el valor sentimental o literario de su contenido. No fue hasta que una amiga, varios años más tarde me comentó de la famosa libreta y me dio con buscarla. Descubrí que ya no existía. No se imaginan cómo lloré ese día cuando supe que la había perdido.
En la vida, hemos llorado por amores, por perdidas, por alegrías, por sueños, por los hombres y por la vida misma. En ocasiones, sentimos que la vida nos traiciona y lloramos. Nosotras las mujeres lloramos más que los hombres, en especial una vez al mes cuando las hormonas se revuelcan. ¿Pues sabes qué? Las lágrimas están compuestas de hormonas y por eso en esos días se nos caen solas.
¿Qué me dicen del embarazo? ¿Qué me dicen de la muerte de un ser querido? ¿Qué me dicen del matrimonio o la convivencia? ¿Qué me dicen de los logros de los hijos o los sueños hechos realidad? ¿De los logros de la vida? ¿De las sorpresas? ¿Del amor o del desamor? ¿De las bodas, de las novelas y de las películas?
Hay tantas razones en la vida para llorar y purificar el alma. Alguien una vez dijo: “La mayoría de las veces, la risa termina en llanto” y tenía razón. Pero, en mi caso (y espero que también sea el tuyo), son más la ocasiones que comienzo llorando y termino riendo. Purificar el alma es como caerse y levantarse con más fuerzas de seguir adelante. Es sentir paz. Es respirar aire puro…
En estos días, mientras dormía a mi bebe, por un asunto hormonal me derrame en llanto sin razón. La canción no salía como de costumbre. El chico, noto el cambio y abrió los ojos para mirar que pasaba. Se sorprendió, se quitó su bobo y me lo puso. Lloré más fuerte por sus buenas intenciones. Pero que bien me sentí cuando deje de hacerlo.
Siempre pensé que el llanto era el motor de mi inspiración para escribir. Pero me equivoqué. Ahora escribo para mis hijos, para mis amigas, para mi madre y mi padre, para mi esposo y para todo lo que me de la vida. Siempre me ha gustado llorar, me purifica, me libera. Y como dice el dramaturgo español, Federico García Lorca: “Quiero llorar porque me da la gana”.
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
El llanto en general es, cuando una persona derrama lágrimas en reacción a su estado de ánimo. La acción de llorar se define como un fenómeno secretomotor complejo del ojo, que consiste en derramar lágrimas sin que haya una irritación del aparato visual. Yo lo resumo de la siguiente forma: Las lágrimas son para limpiar los ojos y el llanto, para limpiar el alma.
Desde mi primera clase de poesía en octavo grado, me gusto escribir. Comencé con poemas sencillos de amor y con el tiempo, añadí complejidad a mis escritos. Podría decir que mi primer libro lo escribí a los 14 años (1994). Era una libreta de Pocahontas titulada: “Lágrimas”. Estaba compuesta por más de 30 poemas dedicados al mismo chico y los títulos de los poemas eran: Lágrimas 1, Lágrimas II, Lágrimas III, IV, V…
De esa libreta sólo me queda el recuerdo de varios versos. En un recogido intenso, mi mamá la hecho a la basura, pues no sabía el valor sentimental o literario de su contenido. No fue hasta que una amiga, varios años más tarde me comentó de la famosa libreta y me dio con buscarla. Descubrí que ya no existía. No se imaginan cómo lloré ese día cuando supe que la había perdido.
En la vida, hemos llorado por amores, por perdidas, por alegrías, por sueños, por los hombres y por la vida misma. En ocasiones, sentimos que la vida nos traiciona y lloramos. Nosotras las mujeres lloramos más que los hombres, en especial una vez al mes cuando las hormonas se revuelcan. ¿Pues sabes qué? Las lágrimas están compuestas de hormonas y por eso en esos días se nos caen solas.
¿Qué me dicen del embarazo? ¿Qué me dicen de la muerte de un ser querido? ¿Qué me dicen del matrimonio o la convivencia? ¿Qué me dicen de los logros de los hijos o los sueños hechos realidad? ¿De los logros de la vida? ¿De las sorpresas? ¿Del amor o del desamor? ¿De las bodas, de las novelas y de las películas?
Hay tantas razones en la vida para llorar y purificar el alma. Alguien una vez dijo: “La mayoría de las veces, la risa termina en llanto” y tenía razón. Pero, en mi caso (y espero que también sea el tuyo), son más la ocasiones que comienzo llorando y termino riendo. Purificar el alma es como caerse y levantarse con más fuerzas de seguir adelante. Es sentir paz. Es respirar aire puro…
En estos días, mientras dormía a mi bebe, por un asunto hormonal me derrame en llanto sin razón. La canción no salía como de costumbre. El chico, noto el cambio y abrió los ojos para mirar que pasaba. Se sorprendió, se quitó su bobo y me lo puso. Lloré más fuerte por sus buenas intenciones. Pero que bien me sentí cuando deje de hacerlo.
Siempre pensé que el llanto era el motor de mi inspiración para escribir. Pero me equivoqué. Ahora escribo para mis hijos, para mis amigas, para mi madre y mi padre, para mi esposo y para todo lo que me de la vida. Siempre me ha gustado llorar, me purifica, me libera. Y como dice el dramaturgo español, Federico García Lorca: “Quiero llorar porque me da la gana”.
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
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