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26 de noviembre de 2011

¿De que te quejas?

En estos días, una amiga me comentaba de los problemas que tenía con su esposo. Ella muy atenta a su familia y su hogar, él muy atento a la calle, a los amigos y a pasarla bien, lejos de casa. Muchos dicen: “El hombre es hombre”. Yo creo que lo dicen para justificar su indomable naturaleza. Pues sepan, que la mujer es mujer y la evolución la acompaña.

Hace algún tiempo (no muy lejano), el lugar de la mujer era en la casa cuidando a los hijos y realizando las tareas del hogar. La posición del hombre era trabajar para dar sustento a su familia y proveerles lo necesario. A raíz de esto, surgió la costumbre de agradecerle al hombre con libertad. El hombre trabajaba toda la semana y tenía derecho a salir solo el fin de semana para despejarse de la rutina. En ocasiones buscaban con quien despejare y muchas de sus mujeres lo permitían.

Esta amiga a la que voy a llamar Laura, era ama de casa. Se la pasaba buscando trabajo pero no tenía suerte. Su esposo la mantenía y vivían muy bien. Pero criado a la antigua, pensaba que tenía derecho absoluto de hacer lo que le viniera en gana por ser: “El Gran Proveedor”. Yo, me identificaba mucho con su situación pero no decía nada porque soy demasiado orgullosa para admitir que mi matrimonio no es perfecto (ups, creo que ya lo hice).

En fin, Laura se cansó de estar todo el tiempo en la casa, pasar tanto tiempo sola y depender de él económicamente. Decidió tomar su vida en sus manos y mando a volar al Gran Proveedor. No tenían hijos así que le fue muy fácil echarlo al olvido. Carlos (nombre que inventé) la llamaba constantemente a reclamarle su amor. Él no podía creer que Laura lo había botado.

Al poco tiempo ella conoció un hombre cariñoso, detallista y que si le gustaba compartir con ella. Así que decidió intentarlo. Una noche salieron y se cruzaron con Carlos. Este se volvió loco de celos y comenzó a reclamarle una vez más, a lo que ella llena de valor contestó: “Tienes libertad, tienes a tus amigos y tiempo de sobra para despejarte… Eso fue lo que siempre quisiste. Yo, tengo lo que tú no quisiste darme. ¿De qué te quejas?”

Cuando escuché esta historia me puse de pies y comencé a aplaudirle. Sí, lo hice. A veces fallamos en la toma de decisiones, pero de los errores se aprende. Tenemos que ser fuertes y si la cosa no va como debe, no podemos esperar a que mejore. En mi experiencia, o se queda igual o empeora. Ya es hora de pensar en tí, si es que aún no lo haces. Si eres de las que piensas en tí, vuelvo a ponerme de pies para aplaudirte.

Me duele admitirlo, pero mi esposo me introdujo en la cultura Arjonista y una vez más, este espécimen de dos patas tuvo razón cuando dijo: “El divorcio hay que celebrarlo más que el matrimonio porque es una decisión que uno toma por si mismo y el matrimonio es algo que se hace por presiones sociales”.

Hay personas que aciertan a la primera y hay otras, como Laura, que aciertan a la segunda. Si eres feliz, disfruta al máximo lo que tienes, pero si no lo eres, se valiente y busca tu felicidad. Despójate de lo que te molesta y te impide crecer como mujer y como ser humano. No te quedes donde no te necesitan que como dice la canción: “Lo que no conviene… se deja, se deja, se deja”

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

P.D.
La vida te enseña, presta atención.

12 de noviembre de 2011

Un beso lo cura todo

Recuerdo perfectamente cuando de niña me caía y mi mamá me daba besitos para quitarme los dolores. También recuerdo que solía cantarme: “Sana, Sana culito de rana, si no sanas hoy sanas mañana”. Era un acto mágico y funcionaba para mí. Ahora canto para mis hijos y aunque no funcione para ellos, sigo cantando.

Mi hijo el adolescente; es verdaderamente especial. Ese no me besa ni aunque le pague. Lo que él no sabe o no recuerda, es que de chico parecía una lapa besándome todo el día. Cada vez que pedía algo o pedía permiso para algo y decía que sí, me abrasaba y me besaba. Mi instinto de madre me decía: “Aprovecha ahora que te besa mucho y guarda para cuando te bese poco”.

Cuando tuve a mi hijo el adolescente, yo también era adolescente, tenía 17 años y estudiaba. Me perdí muchos de sus besos porque ‘tenía’ que terminar de crecer y socializar con el mundo. No quería que me contaran cómo era la vida y quería tener qué enseñarle a mi hijo. Así fue… y aunque me lo disfrute y tuve a mi madre que me ayudaba y lo besaba por mí la mitad del tiempo; esos besitos de él, me hacen falta.

Ahora, 13 años más tarde, tengo una máquina de besos en casa. Pero no es una máquina cualquiera, es una máquina especial y mañosa. Tengo una profesora que escribe columnas y en algunas llama a su hija: “Mi pequeña voluntariosa”. Cada vez que hace un cuento de su nena, dibujo la película en mi mente y me identifico con ella. Cada historia suya es distinta a la mía, pero muy similar. Yo también tengo un pequeño voluntarioso en casa.

Mi pequeño Adrián está en un momento de perretas. Se ha vuelto un chantajista, un llorón y sepan, que no dejan de darme quejas donde me lo cuidan (¿Verdad Sory?). Cada vez que hace algo indebido y le digo: “¡NO!”; mira a su alrededor que no haya un filo, mira al piso que no haya nada que lo lastime y con su santa calma, acomodándose se tira al suelo con los brazos abiertos a llorar. En ocasiones dice: “El bebeeeee, el bebeeee”. Pero eso no es todo. También le gusta repartir fuete y dar cabezazos.

Un día estaba en una cita médica. Mientras hablaba con el Doctor, peleaba con el chico porque no quería el coche y lo que quería era piso. Entre aguantarlo, disimular mí disgusto, atender lo que me hablaba el Doctor, la presión alta y yo sudando, sin más ni menos: “BOOM” cabezazo en la boca de mamá que le partió el labio. Fue un momento muy incómodo a lo que el Doctor dijo: “Déjame revisarte, lo del labio es gratis”. Me tuve que reír un rato y lo solté al piso.

En ese momento fallé, no capté el mensaje. Mi hijo ganó su pelea. Ahora sabe que mi paciencia es poca y si jode mucho, gana. Y como los niños son como esponjas, reconoce y entiende que me fascina besarlo. Cuando no está con las perretas, los cabezazos y la manita suelta, lo que se escucha por mi casa es: “MMaaaa”. El día que me beso por primera vez sin que se lo pidiera, casi infarto de la emoción y sabrán que ese día firmé mi sentencia de muerte.

Cada vez que hace algo incorrecto y le digo: “¡Adri, No!”, si el lugar no es indicado para un perreta, me mira con su hermosa sonrisa y con su mano en la boca me tira un: “MMaaaa”. Es encantador, ¿Cómo lo castigo? Una vez saco la mano y me dio en la cara, lo reprendí y lo entendió. Con el tiempo se le olvidó de que eso no se hace y: “BOOM” me zumbó otra. Lo volví a reprender más fuerte y hasta le di por el muslito una palmadita para que entendiera. Firmemente, me miro a los ojos… Coloco su mano izquierda en uno de mis cachetes y la derecha en otro… Sonrió con brillo en los ojos y ¿adivinen que? “MMaaaa” me dio un beso en los labios. ¡Que ternura! Volví a fallar.

Sé que muchos dirán que no me deje, que esta chiquito, que lo enseñe desde ya… Créanlo o no; él lo sabe. Por algo besa cuando lo regaño y por algo hace perretas para conseguir lo que quiere. Mientras, sigo trabajando en el asunto. Definitivamente, un beso lo cura todo…

¿Qué qué pito toca papá? Pues como en los tiempos de antaño, es la voz del respeto. Cuando no puedo más, le digo: “Papá, el nene no respeta” Y Papá, con las cejas fruncidas le dice: “¿Qué pasa? Tienes que portarte bien con mamá” Sólo eso basta para que haga una hermosa perreta, pero esta vez sumándole una tierna cucharita…

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale


P.D.
Olvide mencionar que si algo no le sale, o lo molestas mientras juega: "BOOM" te tira con lo que tenga en la mano...
"MMaaaa.............."

6 de noviembre de 2011

El mío tambien…

Mi noche del sábado fue una, salida de lo normal. Luego de una semana de difícil entendimiento con mi medio limón, que mejor que una velada romántica en nuestra cama con un concierto íntimo de Ricardo Arjona para lograr la paz. Sí, gracias a la magia del Internet, presenciamos el primer concierto de su gira “Independiente” en Méjico… Desde nuestra cama, computadora en mano y ‘headphones’ compartidos, para q Adrián no despertara.

Por la diferencia de horario entre Méjico y Puerto Rico, esperamos hasta las 12:00 de la media noche para dar inicio a nuestra noche. Espectacular comienzo el de Arjona. Mi esposo, mirándome al final de cada canción para ver si seguía despierta y Yo, sumergida en mi almohada con mi pose de “está brutal de bueno, pero estoy muerta de cansancio”. Pues sepan que no logré verlo completo porque me quedé dormida 45 minutos más tardes.

En el poco tiempo que vi del concierto me conmovió mucho la interpretación de su canción: “Mi novia se me está poniendo vieja”. Semanas atrás y antes de escuchar el disco compacto, mi esposo y yo leíamos la discografía y nos provocó risas el título de la canción. Estábamos curiosos por escuchar los improperios que diría “El prócer” (como lo llama mi marido). Cuando la escuchó por primera vez le cambio la cara de colores. Ricardo Arjona hablaba de su madre en esta canción.

Para los que no saben, es típico de Arjona en sus conciertos, comenzar cada canción con una breve historia que te hipnotiza y te hace caer, como si fueras parte de la misma. Para ésta dijo: “Esta canción me tomó mucho tiempo escribirla y al final, no tuve la respuesta que esperaba… A la mujer que se la dediqué no le gustó. ¿Por qué? Porque le causa mucha nostalgia y tristeza. Del disco nuevo: Mi novia se me está poniendo vieja”. Al final de la canción, lloró.

Me conmovió tanto… Resulta que él perdió a su padre hace algún tiempo y muchos esperaban una canción que hablara del tema. Él, escribió una carta hablando de su padre y al sol de hoy no volvió a tocar el tema. Para este disco sorprendió con un tema para su madre. ¿Qué parte de todo esto hace que me identifique?

Cuando mi madre murió y comencé a extrañarla, me di cuenta del amor tan grande que siento por mi padre y lo importante que es para mí. Antes de mi madre morir, puedo decir que las conversaciones con mi padre eran pocas y las muestras de cariño menos. Ahora, soy su vecina y me visita cuatro veces al día para ver sus nietos.

Yo, estoy pendiente de sus cosas y su salud. Me fijo en su ropa por si esta des combinado (cosa que no pasa jamás). Le da dinero a mi hijo para la escuela para que yo no gaste lo poco que tengo y me ayuda en lo que puede. A veces no disimula lo sorprendido que está de que no necesite tanto.

Luego de escuchar esta mágica pieza de Ricardo, sólo puedo decir: “El mío también…” y no le escribo una columna porque me da trabajo plasmar en letras un amor tan grande. Si pudiera quedarse para siempre…

P.D-
¿Qué qué pasó con mi velada? Pues al final del concierto me dieron un codazo para que despertara y lo demás no les importa..

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

21 de octubre de 2011

El Matrimonio...

"¿Eres feliz o estás casado?”. Cuando buscamos frases sobre El Matrimonio, encontramos una gama de referencias infinita. La mayoría de ellas son crueles, humoristas, pero muy reales. Para mí, la más acertada de las cientos de frases que he leído dice: “El matrimonio es el proceso químico mediante el cual, tu media naranja se convierte en tu medio limón”.

Ver tantas frases curiosas de autores distintos me hace pensar que el matrimonio es un chiste. Que muchas personas no le dan el valor y la seriedad que conlleva casarse. “El matrimonio no es fácil”. ¿Quién dijo eso? Definitivamente, alguien que una vez se casó. ¿O sería alguien que una vez se cansó?

Siempre amé mi vida de soltera. Viaje, estudié, sol, playa, arena, amigas, enemigas… También conocí a grandes personas e hice buenos amigos. Para ser honesta, fui madre soltera por 10 años y jamás imaginé mi vida con un esposo y otro hijo. Yo pensé que sólo seríamos Kenneth y yo.

Por cosas de la vida, conocí a mi príncipe azul. Todo comenzó con una guitarra y una canción. Definitivamente, una historia de cuentos de hadas. Sí, así de odiosa e insoportable como me leen. Su forma de enamorarme fue utilizando frases de Ricardo Arjona. Hoy, 5 años más tarde puedo decir: “Maldito Arjona, me debes una”.

Y no es para menos, el ingrato me hizo caer redondita a sus pies como si él fuera una rica naranja madura y jugosa. Era mi media mitad, mi complemento, mi media naranja… Pero creció el amor y nos casamos. Dicen por ahí que “el amor es una locura temporal que se cura con el matrimonio”. Imaginate, las últimas flores que me regalaron venían acompañadas por una sortija de compromiso.

Creo que luego de haber dicho estas cosas, me contradigo al decir que el matrimonio es bueno. El matrimonio es para valientes. Es para personas maduras con deseos de crecer juntas “hasta que la muerte los separe”. Es compromiso, compartir todo, es llorar, reír, sufrir, gozar, reducir el sexo en un 45 por ciento, ganar peso, dar vida, ser fiel, educar, luchar, amar, perdonar y entregarse... Es llegar a viejos con compañía.

El desorden, las peleas, que ellos quieran salir solos, que tu creas que no tienes tiempo para ti, que las tareas de la casa te abruman, que no hay tantos detalles como al principio, que estas cansada para tener sexo y finges migraña, que tu suegra quiere decirte como criar a tus hijos... “que los zapatos no van ahí”... “que olvidaste tal fecha”... “Que no tienes detalles”, serán peleas normales del matrimonio y la convivencia.

Solo tratemos de llegar a un punto medio en el que todos seamos felices. “El matrimonio son 40 años de diálogo” y dentro de todo este ‘trajín’... es lindo. No le tengas miedo, ahora viene por contrato.

P.D
Si alguien averigua que viene pre-pago como OPEN MOBILE me escribe al inbox… GRACIAS


Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

21 de agosto de 2011

Inténtalo...

Todos mis escritos dan inicio con una frase popular. Esto es a consecuencia de que alguien una vez me dijo: “Nada como una frase curiosa para romper el hielo”. Esta es mi forma de entrar en calor a la hora de hablar o escribir. Aunque debo aclarar que no siempre me resulta.

Utilizar frases de otras personas o refranes populares de algún autor desconocido cuando escribo, resulta ligeramente fácil porque puedo cambiarlas hasta que el escrito quede bien. Sin embargo, cuando quiero romper el hielo en algún lugar y entablar conversación resulta difícil porque no siempre digo la frase correcta.

Honestamente, son muchas las veces que mi esposo me regaña y me dice: “¿Por qué caramba dijiste eso?” o mejor aún: “Tú y tus comentarios” y la clásica: “Es que tú eres bicha y caes mal cuando hablas”. Pues para que sepan, mi reacción siempre ha sido la de levantar los hombros y seguir campante. Total ya lo dije y no puedo dar marcha atrás. Como dicen por ahí: “Lo hecho, hecho y a lo dicho pecho”.

Hubo un tiempo, que traté de hacer las cosas distintas para probar suerte. Me cambie el color del pelo. Pensé que quizá el rubio me daba cierto look de fiestera por aquello que dicen de que las rubias se divierten más o perpetuaba mi look de surfista. El look de hippie surfista siempre ha sido mi favorito y aunque podría jurar que fueron mis mejores tiempos, en cierta manera debo admitir que fue una etapa muy poco productiva en mi vida.

El peinado y el color de pelo, acentuaron bien. Me veía más sería, más clásica y hasta le sumé espejuelos al estilo. Deje de utilizar mis frases o chistecitos ‘rompe hielos’ y a comportarme un poco más humilde cuando hablaba o trataba de encajar en alguna conversación. ¿Quieres saber que me pasó? Pues todo lo contrario que esperaba.

Deje los espejuelos, volví a ser una bicha cuando hablo y me voy a pintar el pelo de rubio otra vez. Con el pelo oscuro se me ven más las canas. Estar todo el día con espejuelos hace que me de migraña por las noches cuando me los quito y el tratar de ser humilde cuando hablo, hace que me ignoren, me interrumpan y en ocasiones, que ni me permitan hablar. Entonces, ¿Para qué cambiamos?

Para encontrarnos. Para descubrir quién es tu verdadero YO. Hay personas a las que los cambios le resultan, pero si no lo intentan nunca lo sabrán. A mí no me resultó y eso no significa que más adelante no acepte otros cambios en mi vida. Hay que reinventarse física y emocionalmente, sin perder la esencia de quien verdaderamente somos. Se lo que quieres ser, cambia, prueba, busca, intenta, logra, alcanza y realiza.

Olvida que a los demás les guste. Si tú te gustas como persona, lo demás llegará por añadidura. Inténtalo… ¿Qué más da?

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

12 de agosto de 2011

El amor y su manual de instrucciones...

Todos los que se han enamorado alguna vez saben que el amor no viene solo. Paulo Coelho escribió una vez: “No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas”.

Qué bonito cuando amamos de forma recíproca y recibimos amor a cambio. Pero que difícil cuando las cosas se complican y no sabemos qué hacer. ¿Es justo confundirse? Sí, muy justo. Lo que no es justo, es cometer errores por confusión. Eso no se justifica.

Una vez pregunté por el manual de instrucciones y los que me escucharon a toda prisa pidieron copias, aún sin saber si existía. Pues lamento informarles, que de las cosas que trae el amor, el manual de instrucciones no está incluido. El amor es algo que cada quien hace y que cada quien (como creador de su amor) debe manejar.

Podemos pedir consejos a personas con experiencia que nos den alternativas u opciones. Por lo general, el comportamiento del ser humano, aunque no tiene manual de instrucciones, es protocolar en varios puntos y por eso los consejos funcionan. Me explico:

La mujer si es ama de casa a tiempo completo, entre las tareas del hogar y los niños, no le sobra mucho tiempo para estar arreglada en las tarde cuando el esposo llega. Si la mujer trabaja fuera, generalmente esta arreglada pero con la casa hecha añicos. Ambas situaciones, nos estresan y nos enloquecen.

“El hombre es hombre”. Este espécimen raro, tiene el talento innato de trabajar, proveer, ser padre, ser atletas y sentarse a ver el futbol con la expresión en el rostro de que aquí no pasa nada. También están los que no trabajan y no hacen mucho, pero de esos no voy a hablar.

¿Y qué tiene q ver esto con mi escrito? Pues que a pesar de no traer el manual de instrucciones, el que todos se parescan tanto permite que las experiencias de algunas, ayuden a otras. Ese es el verdadero manual. El que cada quien escribe a base de su experiencia y comparte con los menos experimentados.

En mi caso, ese manual con experiencias sí funcionó. Hace varios días mi nave confrontó turbulencias. Llame a mi manual de instrucciones y basándose en sus experiencias, me ayudó. Qué bien me sentí teniendo un guía, alguien experimentado que me levanto y me dijo: “A mí me pasó. Esto es así y asá y debes hacer esto, aquello y lo otro. Pero la decisión es tuya”.

¿Qué decidí? Pues seguir adelante. Yo no soy de las que se quitan. Mi familia, mis hijos y mi hogar son mis prioridades en este momento. Ya la turbulencia pasó y ahora estoy calmando los nervios, esperando el aterrizaje. Todavía quedan razones para luchar y salir adelante. Nadie dijo que sería fácil y lo que necesitamos es que sea posible.

¿Por qué comparto esto que me pasó? Porque de esto se trata mi Blog; de Vivencias…

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

PD. Si me tardo en escribir, es que la nave aterrizó en una segunda luna de miel... “Después de la tormenta, viene la calma” y “Lo que no nos mata, nos hace más fuerte”…


8 de agosto de 2011

Todos lloramos...

Existen muchas frases alusivas al tema del llanto. Mi favorita es: “Las lágrimas son palabras que no se dicen”. ¿Entonces por qué callamos? ¿Será que nos gusta llorar? En mi caso soy como Shakira y sólo lloro una vez al mes, sobre todo cuando hay ‘frío’. Hoy, decidí escribir para los que lloramos.

El llanto en general es, cuando una persona derrama lágrimas en reacción a su estado de ánimo. La acción de llorar se define como un fenómeno secretomotor complejo del ojo, que consiste en derramar lágrimas sin que haya una irritación del aparato visual. Yo lo resumo de la siguiente forma: Las lágrimas son para limpiar los ojos y el llanto, para limpiar el alma.

Desde mi primera clase de poesía en octavo grado, me gusto escribir. Comencé con poemas sencillos de amor y con el tiempo, añadí complejidad a mis escritos. Podría decir que mi primer libro lo escribí a los 14 años (1994). Era una libreta de Pocahontas titulada: “Lágrimas”. Estaba compuesta por más de 30 poemas dedicados al mismo chico y los títulos de los poemas eran: Lágrimas 1, Lágrimas II, Lágrimas III, IV, V…

De esa libreta sólo me queda el recuerdo de varios versos. En un recogido intenso, mi mamá la hecho a la basura, pues no sabía el valor sentimental o literario de su contenido. No fue hasta que una amiga, varios años más tarde me comentó de la famosa libreta y me dio con buscarla. Descubrí que ya no existía. No se imaginan cómo lloré ese día cuando supe que la había perdido.

En la vida, hemos llorado por amores, por perdidas, por alegrías, por sueños, por los hombres y por la vida misma. En ocasiones, sentimos que la vida nos traiciona y lloramos. Nosotras las mujeres lloramos más que los hombres, en especial una vez al mes cuando las hormonas se revuelcan. ¿Pues sabes qué? Las lágrimas están compuestas de hormonas y por eso en esos días se nos caen solas.

¿Qué me dicen del embarazo? ¿Qué me dicen de la muerte de un ser querido? ¿Qué me dicen del matrimonio o la convivencia? ¿Qué me dicen de los logros de los hijos o los sueños hechos realidad? ¿De los logros de la vida? ¿De las sorpresas? ¿Del amor o del desamor? ¿De las bodas, de las novelas y de las películas?

Hay tantas razones en la vida para llorar y purificar el alma. Alguien una vez dijo: “La mayoría de las veces, la risa termina en llanto” y tenía razón. Pero, en mi caso (y espero que también sea el tuyo), son más la ocasiones que comienzo llorando y termino riendo. Purificar el alma es como caerse y levantarse con más fuerzas de seguir adelante. Es sentir paz. Es respirar aire puro…

En estos días, mientras dormía a mi bebe, por un asunto hormonal me derrame en llanto sin razón. La canción no salía como de costumbre. El chico, noto el cambio y abrió los ojos para mirar que pasaba. Se sorprendió, se quitó su bobo y me lo puso. Lloré más fuerte por sus buenas intenciones. Pero que bien me sentí cuando deje de hacerlo.

Siempre pensé que el llanto era el motor de mi inspiración para escribir. Pero me equivoqué. Ahora escribo para mis hijos, para mis amigas, para mi madre y mi padre, para mi esposo y para todo lo que me de la vida. Siempre me ha gustado llorar, me purifica, me libera. Y como dice el dramaturgo español, Federico García Lorca: “Quiero llorar porque me da la gana”.

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

18 de mayo de 2011

Si está para tí, esta para tí

“Si está para ti, está para ti”. Tenemos que aceptar que todos hemos escuchado esta frase (que no dice nada, pero que dice mucho) por lo menos más de cinco veces en nuestras vidas. Pues resulta que recibí una inesperada llamada telefónica, en la que me ofrecieron una entrevista de trabajo para una vacante en un atractivo lugar, escribiendo. En el preciso instante que dije: "Sí, me interesa", todo comenzó a complicarse.

Para los que no me conocen, soy ama de casa, ocasionalmente trabajo en mi tesis (lo que admito está muy mal de mi parte) y generalmente escribo artículos que publican en varios periódicos, junto con algunas colaboraciones que hago para mis amigos, compañeros y colegas escritores.
Así me gano una parte de la vida. La otra parte me la gano haciendo "relaciones públicas" para mi esposo, planchándole la ropa, cocinándole, recortándolo, manteniendo su área de reposo limpia, acompañándolo al parque, etc. Algunos pensarán que es un trabajo fuerte y tedioso, pero no me puedo quejar de los beneficios marginales que obtengo.

En mi caso, las tareas del hogar me estresan demasiado. Quiero que todo esté limpio y en su lugar siempre. Cocino todos los días para mi familia, tengo un adolescente difícil, un bebe súper activo, un esposo que trabaja mucho para que no falte nada y poco tiempo para mí . Hace poco, caí en un estrés que me estaba matando. Había llenado la solicitud de graduación de mi Maestría y por no terminar la tesis a tiempo, no pude graduarme.

Decidimos buscar un cuido para el chiquitín ya que así le quitaríamos “El Engreimiento” (tema para otra columna), yo tendría tiempo para mí y tiempo para mi tesis. Hasta la fecha todo va de maravilla y estamos fascinados con el trabajo de quien lo cuida. Rápido que comenzó, la persona que lo cuida me comentó que el viernes próximo era el día de logros de su hijita y no estaría disponible. “Perfecto, gracias por avisarme con tiempo, ese día lo vacuno”, dije yo.

Dos días antes de ese viernes que no habrá cuido, recibí la llamada que comenté al inicio. Cuando dije que me interesaba, me dijeron: “La entrevista será el viernes a las 10 am”. Inmediatamente pensé en mi suegra. Aunque ella cuida tres nietos, al mío no lo ve mucho y casi nunca se niega. Además, solo será un ratito. “Ven sin prisa por si te hacemos una prueba redactando”, añadió. Entonces recordé que comienzan los playoffs de mi esposo en Lajas y pudiera ser que me lo pierda lanzando. “Olvide decirte, es importante que traigas tus publicaciones y los trabajos que hayas hecho”.

Ahora si es verdad. Con el afán de tener la casa limpia y recogida, no me gusta guardar cosas que no voy a usar, la computadora que tengo es nueva y perdí el 80% de mis escritos cuando se dañó la que tenía. ¿Qué pasó con el 20% restante? Pues lo estoy buscando. De algunos cuatro años aproximados que llevo escribiendo, hasta ahora tengo: tres noticias de periódicos que fueron publicadas este año, un artículo del 2008 y este Blog. Si el trabajo fuera de columnista (que no lo es), sería un gran punto a mi favor.

En fin: “Si está para mí, esta para mí”. Mientras, seguiré buscando porque sinceramente, quiero que esté. Deséenme suerte.


Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

6 de mayo de 2011

Mi madre...

Mi madre fue una mujer sabia. Cuando joven, fue estilista, rubia y fanática de los postizos en el pelo. ¿A quién les recuerda? Pues debo decir que cualquier parecido no es pura coincidencia. Tal parece que la bichería se lleva en la sangre. Era delgada, bonita y con dos buenas razones en el pecho para usar el escote que le diera la gana. Las dos buenas razones se las heredo a mi hermana mayor, olvidándose de mí despiadadamente.

Recuerdo que cuando tuve 10 años, mi madre se hizo una cirugía estética en el pecho porque le pesaban. Se redujo el tamaño por salud, pero, se las levantó y se las puso redonditas “para aprovechar el viaje”. ¡Que atrevida! Para el 1990, eso era algo que no estaba en moda. En el 1991 fuimos a Disney por primera vez y me perdí. Recuerdo que cuando apreció mi familia, mi mamá y yo corrimos a toda prisa para abrasarnos. ¡Que alivio me dio sentirla! Las lágrimas no faltaron y el regaño de mi papá tampoco. Mi padre era la autoridad y mi madre, nos consentía en todo (sabiamente).

Cuando cumplí 11 años, mi padre le ofreció a mi mamá el puesto de ama de casa con mesada semanal. Ahora tenía tiempo para su esposo e hijas. Los sábados eran de shopping, los domingos de familia con ‘Canciones Inolvidables’ y el resto de la semana para estudiar y practicar voleibol. Que tiempos aquellos.

El tiempo pasó, crecimos y seguíamos cultivando recuerdos. A los dieciséis quedé embarazada. Les di a mis padres el peor dolor de cabeza que puedan imaginarse pero ese dolor de cabeza vino acompañado de una felicidad que (aunque tratara) no podría transmitirles. Nació el primer nieto. El hijo varón que no procrearon. Literalmente, mi madre fue quien lo crió sus primeros años, pues me faltaba por crecer. Ese niño fue la luz de sus ojos hasta el día que se murió. Que mucho nos amó mi madre y que mucho nos enseñó. Recuerdo que cuando me gradué del Bachillerato, con lagrimas en los ojos dijo: "Estoy orgullosa de tí".

Me enseñó que hay que ahorrar (cosa que no aprendí) y me acostumbró a ir de shopping una vez a la semana (mínimo). Me enseñó a usar cartera, me enseñó a peinarme y a hacerme el ‘dubby’ con estilo y perfección, me enseñó que la mejor forma de bailar es sonriendo, que cuando servimos la comida del hogar, la del esposo es primero. Que la casa debe estar limpia, que la comida se hace temprano, que la ropa se lava los jueves para tener el fin de semana libre y muchas cosas más. Me enseñó que un “CARAJO” bien dicho mueve montañas y también me enseñó a ser madre, sin dejar de ser mujer.

Su mejor enseñanza fue que el mejor color de lápiz labial, es el rojo. Ahora que no está me doy cuenta que durante toda la vida me educó e impartió enseñanzas que utilizo ahora que no la tengo. Extrañar es echar de menos a alguien o algo, sentir su falta (rae.es). Nunca estamos listos para decir: “Adiós”, y por eso es tan difícil. A veces hay que conformarse con vivir del recuerdo para suprimir el dolor de esa perdida.

Yo recuerdo a mi madre en sus mejores momentos (fueron muchos), trato de no recordar cuando estaba en cama luchando con su enfermedad. Esa es una etapa que voy a archivar en mis recuerdos para usarla cuando la necesite. Nadie puede imaginarse lo mucho que lloro cuando ‘le caen pajitas a la leche’ y no tengo a quien pedir consejo.

Mami:

Tus brazos siempre se abrieron cuando necesité un abrazo. Tu corazón supo comprender cuándo necesité una amiga. Tus ojos sensibles se endurecieron cuando necesité una lección. Tu fuerza y tu amor me han dirigido por la vida y me dieron las alas que necesitaba para volar.

Fuiste la única perdona del mundo que siempre estuvo para mí, de forma incondicional. Si te rechacé, me perdonaste. Si me equivoqué, me acogiste. Si estaba feliz, celebrabas con migo y si estaba triste, no sonreías hasta que me hicieras reír… Fuiste mi amiga incondicional. Gracias.

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

4 de mayo de 2011

Mi verano de 1988

Jamás olvidaré cuando mi papá nos vendía sueños con una piscina. Mi hermana y yo, éramos unas niñas pequeñas y su promesa nos emocionaba mucho. Así pasaron varios años y adivinen qué...

Fue en el verano del 1988 que estrenamos aquella monumental piscina de 40 pies de largo por 14 pies de ancho y un Jacuzzi en proceso. Para aquel entonces, era algo impresionante, era gigantesca. Para una niña de 7 años, era como ver medio océano en el patio trasero de su casa. No sabíamos nadar muy bien y cuando comenzaron a llenarla, tan pronto el agua hizo el primer bache nos metimos en ella.

Recuerdo que mi madre se iba a trabajar muy temprano en una fábrica de costura y mi padre en su taller de ebanistería que quedaba en los bajos de nuestra casa. Mi hermana y yo veíamos tele y jugábamos sin hacer ruido y con cautela, porque a la primera interrupción que le hiciéramos a papi, nos castigaba. La idea de la piscina, fue perfecta. Nadábamos y él nos velaba desde su taller. Las clases de natación no fueron necesarias porque aprendimos solas y en menos de un día.

Ese primer día en nuestra piscina, entramos a las 8:00 am, luego de un plato de avena y 12 pulgadas de agua, salimos a las 5:00 pm cuando mi madre llegó de su trabajo y nos vio negras como la noche, nadando de esquina a esquina hasta lo hondo (5’ 3”). Por poco infarta. Mi padre no interrumpió su jornada de trabajo para que comiéramos o usáramos “sunblock”, pues tenía que reponer el gasto de la piscina y quedaba mucho por hacer. A nosotras no nos dio hambre y por miedo a que nos sacaran del agua, ni lo interrumpimos.

Había que inaugurar mi pequeño océano y que mejor que un fiestón con la familia, los vecinos, amistades, etc. Dos días antes de la fiesta, llegó mi papá con una chorrera y preparó un tablado en madera para ponerla. No cabíamos en la ropa de la emoción y se formó un ‘bembé’ que ni en las mejores piscinas de los mejores hoteles. Fuimos la sensación del barrio ese verano de 1988. Fue increíble porque para cada día de ese verano y de cada verano tengo una historia con las que podría redactar miles de columnas.

Cuando mi hijo mayor cumplió tres años lo matriculamos en clases de natación por si las moscas. Lo que aprendió, lo aprendió sólo, jugando y divirtiéndose igual que su madre. Mis sobrinas, no tomaron clases de natación y nadan igual que mi hijo. Ahora, muchos años después y recordando historias de ese verano y muchos otros, trato de imaginar cómo será la historia con mi bebito. Igual lo matricularé en natación por si se me escapa un día y llega al océano del patio trasero de su abuelo que colinda con el patio izquierdo de mi casa, sin una verja que limite el acceso.

Para cada verano tengo una historia distinta y que feliz me hace recordarlas. Hoy decidí recordar el primer verano en mi piscina y que feliz me hizo hacerlo. Ya no aguanto las ganas de redactar la historia de mi primer verano en mi nueva casa, con mi antigua piscina.

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

20 de abril de 2011

Mi hijo el adolescente...

Recientemente viajé a París para celebrar con mi prima su cumpleaños. No me envidien, no es cierto. Ella celebró su cumpleaños con el tema de París y todos los invitados tomamos el papel de franceses. Hubo de todo y más, excepto mi hijo grande.

Bien lo dice un proverbio inglés: “Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres y cuando son mayores, los enloquecen”. Para variar, el adolescente de mi casa no quiso acompañarme porque en la casa de su padre celebraban el tercer añito de su prima.

Creo que es prudente mencionar en esta parte de mi columna, que la adolescencia es una época de cambios y búsqueda de identidad. Esta etapa marca el proceso de transformación del niño en adulto. Ya no son una, pero tampoco son la otra. Son una especie de híbrido, con rasgos de adulto pero con malas costumbres de niños. ¡Que combinación! Y pensar que todos pasamos por esto.

De todas las cosas que hubo en la fiesta, no podía faltar el tema de los hijos. Para las que tenemos bebes, es normal que hablemos de las cosas que hacen y compararemos como va su desarrollo. Pero he notado que cuando los hijos son adolescentes, las madres dicen: “Hay mija”, suspiran, viran los ojos, levantan las cejas y cambian el tema. ¿Por qué será? ¿Tan difícil es esta etapa?

En fin, escuché una conversación que al sol de hoy me trabaja con igual o mayor intensidad que aquel día. Mi hermana, madre de tres hermosas niñas dijo: “Yo no tuve hijos varones, que no se lo que es eso, pero te puedo decir que me encantan las nenas”. A lo que una de las presentes (que tiene un hijo adolecente) respondió: “Las nenas son de la casa, en cambio los nenes cuando se hacen grandes te rompen el corazón”. La cosa no era conmigo, pero no pude evitar preguntar: “¿POR QUÉ?”

Porque se van a la calle, porque no quieren salir contigo, se quieren quedar solos en casa, se ponen acidos y repugnantes, te hacen sentir como la peor, la vieja, la fea, la mala y cuando terminan de crecer; se van con otra. Inmediatamente, me reí. Su contestación me dio pavera. Pero tenía razón.

Hace un año que mi hijo mayor entro a su adolescencia. Como dirían por donde vivo (el campo): “Jura que tiene el toro cogido por los cuernos”. Todos en mi familia, me ven con él, sonríen y me dicen: “Ahora es que Kenneth se va a poner difícil”. ¡Que nervios!

Al principio, pensaba que era algo personal o que lo decían por alguna cualidad específica del muchacho. Pero me doy cuenta que todos son así. Como padres o como hijos, la adolescencia nos toca vivirla y aguantarla a todos. Los estilos y las modas raras que posean en su búsqueda de identidad serán normales. Que no quieran salir contigo o prefieran pasar horas encerados en su cuarto, también será normal y tendré (o tendremos) que tolerarlo.

Lo que no voy a tolerar es lo de vieja y fea; eso jamás. ¿Qué cuando toda esta tormenta de cambios pase, se irá con otra? ¡Que dolor en el pecho me da pensarlo! (saliendo lagrimitas)

(Ya no pude seguir escribiendo)

8 de febrero de 2011

¡Rojo Puta Pasión de San Valentín!

Según escritos sobre la historia del día de San Valentín, se cree que es una fiesta pagana ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del dios a través de regalos u ofrendas para conseguir al enamorado verdadero. Otros lo llaman “El día del amor”. ¡Q linda historia!

Otras frases (aún más celebres creo) alegan: “El amor es el proceso donde tu media naranja se convierte en tu medio limón”. ¿Será cierto? Esperemos que no. Lo cierto de este escrito es: ¿Por qué dedicarle un solo día al amor y la amistad? ¿Porqué pintarlo de rojo? El rojo significa pasión y debemos sentirla siempre, no solamente en San Valentín.

Resulta que existen unos ‘Depredadores de Mercados’ a los que no le interesa la realidad social del bolsillo, e inmediatamente se montan los Reyes en los camellos, pintan las vitrinas de rojo y las llenan con corazoncitos, chocolates y lencería sexy. No es pura casualidad. Cada estrategia de color, de dulce y de ropa tiene su significado.

Sobre el chocolate, sólo tengo que decir (además de que deben prohibirlo por que engorda) que es un absoluto placer comerlo. Sobre la lencería sexy… (shhhhhh It’s magic). El rojo es el más excitante de los colores, puede significar: PASIÓN, EMOCIÓN, AGRESIVIDAD y PELIGRO. Es un color muy intenso a nivel emocional. Mejora el metabolismo humano, aumenta el ritmo respiratorio y eleva la presión sanguínea.

Ahora viene lo cursi. El amor es la fuerza motriz que lo mueve todo. ¡Que mercadeo tan asertivo! Pero digan lo que digan de mi: “Soy anti-Valentines day”. Yo no quiero dedicarle UN DÍA al amor y la amistad comiendo chocolates con lencería puesta (que luego quitarán OBVIO). Quiero dedicarle trescientos sesenta y cinco días al año. Quiero comer chocolate las veinticuatro horas del día y quiero usar lencería sexy los siete días de la semana. ¿Y por qué no? ¿Si todos pensarán así, las tiendas venderían más. No?

Esa es la magia de mercadeo. Te pintan San Valentín como algo especial, a lo que sólo debemos dedicarle un día al año para que salgamos ‘a las millas de chaflan’ a comprar chocolatitos, tarjetitas y todas las demás ofrendas que daremos a Cupido para que nos conceda el amor verdadero. Pero que causalidad que lo ubicaran (en el calendario) después de Navidad cuando las ventas bajan…

Quisiera decirles que no caigan en la trampa de los mercaderes, pero llegué tarde. ¡La gran mayoría reservó su arreglo, compro chocolates, lencería sexy con sus complementos! Ya que no podemos cambiar la historia, ni eliminar años y años de costumbre (así porque así), cae en la trampa, deja que el rojo puta pasión se apodere de ti y disfruta… En fin, todos lo haremos.

con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

28 de enero de 2011

¿Casualidad o Causalidad?

A Karla. Escribo esta columna pensando en ti y en las CASUALidades que querías definir…

Albert Einstein decía: “La vida es hermosa, vivirla no es una casualidad”. Por otra parte el célebre Voltaire mencionaba: “Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido”.

La angustia y el temor que producen tener que enfrentarse a ciertas realidades desagradables, han hecho que comparemos la vida con un juego de azar: nada está relacionado con nada, todo es una simple casualidad, donde algunos salen ganando y otros perdiendo. Y así, en esta "lotería de la vida", apostamos cada mañana por nuestra suerte y lloramos por las noches cuando la fortuna no nos ha favorecido.

La diferencia básica entre casualidad y causalidad, es que mientras en la CAUSALidad se puede programar o controlar, la CASUALidad, simplemente ocurre.

Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así, para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.

No sabemos quiénes son estas personas, pero cuando fijamos nuestros ojos en ellas, sabemos y comprendemos que afectarán nuestra vida de una manera profunda. Algunas veces pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero luego entendemos que si no las superamos no descubriremos nuestro potencial, nuestra fuerza o el poder de nuestro corazón.

En mi opinión (La cual doy porque es mi columna y la baso en mis vivencias) todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por suerte... Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los límites de nuestra alma. Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada. En definitiva, hay que caerse para experimentar lo rico de levantarse.

Si te has caído (como yo), mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho de hacerlo. Repítete a ti mismo que eres un individuo magnífico y créelo; si no crees en ti mismo nadie más lo hará tampoco. Crea tu propia vida, encuéntrala y vívela. No olvides que tienes un plan maravilloso, recuerda que debes aprender a descubrirlo y no es por pura CASUALidad…

con amor,
Sheila Pérez de Carnevale