Recuerdo perfectamente cuando de niña me caía y mi mamá me daba besitos para quitarme los dolores. También recuerdo que solía cantarme: “Sana, Sana culito de rana, si no sanas hoy sanas mañana”. Era un acto mágico y funcionaba para mí. Ahora canto para mis hijos y aunque no funcione para ellos, sigo cantando.
Mi hijo el adolescente; es verdaderamente especial. Ese no me besa ni aunque le pague. Lo que él no sabe o no recuerda, es que de chico parecía una lapa besándome todo el día. Cada vez que pedía algo o pedía permiso para algo y decía que sí, me abrasaba y me besaba. Mi instinto de madre me decía: “Aprovecha ahora que te besa mucho y guarda para cuando te bese poco”.
Cuando tuve a mi hijo el adolescente, yo también era adolescente, tenía 17 años y estudiaba. Me perdí muchos de sus besos porque ‘tenía’ que terminar de crecer y socializar con el mundo. No quería que me contaran cómo era la vida y quería tener qué enseñarle a mi hijo. Así fue… y aunque me lo disfrute y tuve a mi madre que me ayudaba y lo besaba por mí la mitad del tiempo; esos besitos de él, me hacen falta.
Ahora, 13 años más tarde, tengo una máquina de besos en casa. Pero no es una máquina cualquiera, es una máquina especial y mañosa. Tengo una profesora que escribe columnas y en algunas llama a su hija: “Mi pequeña voluntariosa”. Cada vez que hace un cuento de su nena, dibujo la película en mi mente y me identifico con ella. Cada historia suya es distinta a la mía, pero muy similar. Yo también tengo un pequeño voluntarioso en casa.
Mi pequeño Adrián está en un momento de perretas. Se ha vuelto un chantajista, un llorón y sepan, que no dejan de darme quejas donde me lo cuidan (¿Verdad Sory?). Cada vez que hace algo indebido y le digo: “¡NO!”; mira a su alrededor que no haya un filo, mira al piso que no haya nada que lo lastime y con su santa calma, acomodándose se tira al suelo con los brazos abiertos a llorar. En ocasiones dice: “El bebeeeee, el bebeeee”. Pero eso no es todo. También le gusta repartir fuete y dar cabezazos.
Un día estaba en una cita médica. Mientras hablaba con el Doctor, peleaba con el chico porque no quería el coche y lo que quería era piso. Entre aguantarlo, disimular mí disgusto, atender lo que me hablaba el Doctor, la presión alta y yo sudando, sin más ni menos: “BOOM” cabezazo en la boca de mamá que le partió el labio. Fue un momento muy incómodo a lo que el Doctor dijo: “Déjame revisarte, lo del labio es gratis”. Me tuve que reír un rato y lo solté al piso.
En ese momento fallé, no capté el mensaje. Mi hijo ganó su pelea. Ahora sabe que mi paciencia es poca y si jode mucho, gana. Y como los niños son como esponjas, reconoce y entiende que me fascina besarlo. Cuando no está con las perretas, los cabezazos y la manita suelta, lo que se escucha por mi casa es: “MMaaaa”. El día que me beso por primera vez sin que se lo pidiera, casi infarto de la emoción y sabrán que ese día firmé mi sentencia de muerte.
Cada vez que hace algo incorrecto y le digo: “¡Adri, No!”, si el lugar no es indicado para un perreta, me mira con su hermosa sonrisa y con su mano en la boca me tira un: “MMaaaa”. Es encantador, ¿Cómo lo castigo? Una vez saco la mano y me dio en la cara, lo reprendí y lo entendió. Con el tiempo se le olvidó de que eso no se hace y: “BOOM” me zumbó otra. Lo volví a reprender más fuerte y hasta le di por el muslito una palmadita para que entendiera. Firmemente, me miro a los ojos… Coloco su mano izquierda en uno de mis cachetes y la derecha en otro… Sonrió con brillo en los ojos y ¿adivinen que? “MMaaaa” me dio un beso en los labios. ¡Que ternura! Volví a fallar.
Sé que muchos dirán que no me deje, que esta chiquito, que lo enseñe desde ya… Créanlo o no; él lo sabe. Por algo besa cuando lo regaño y por algo hace perretas para conseguir lo que quiere. Mientras, sigo trabajando en el asunto. Definitivamente, un beso lo cura todo…
¿Qué qué pito toca papá? Pues como en los tiempos de antaño, es la voz del respeto. Cuando no puedo más, le digo: “Papá, el nene no respeta” Y Papá, con las cejas fruncidas le dice: “¿Qué pasa? Tienes que portarte bien con mamá” Sólo eso basta para que haga una hermosa perreta, pero esta vez sumándole una tierna cucharita…
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale
P.D.
Olvide mencionar que si algo no le sale, o lo molestas mientras juega: "BOOM" te tira con lo que tenga en la mano...
"MMaaaa.............."

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