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24 de febrero de 2015

¿Eres gorda o eres feliz?


Puede ser que al leer el título, sonrías porque piensas que todos los gordos están amargados con complejos o pienses que soy cruel por lo directo e indirecto de mi pregunta. Durante mucho tiempo escuché y me sentí afectada por varios idiotas que me decían: “Wao nena…  que gorda estás, no te reconocí”. A lo que yo, con la sonrisa mordida y la voz entre cortada respondía: “Así es la vida, no podemos ser perfectos para siempre”.

 Mi cambio físico no fue fácil y día a día batallo con eso. Es bien difícil o casi imposible conseguir ropa con estilo y hacer muchas otras cosas que amaba... pero lo manejo.  Aún peor es, saber que saldré a la calle y me cruzaré  con un imprudente que dirá lo que ya sabemos. Esta semana no fue diferente.

Caminaba por el colmado, a mala pata cerca de las chuletas y una vieja “amiga” me saludó. En medio de la conversación dijo: “Y con esto de la gordura, ¿cómo te sientes? Digo, como tú eras tan fashion… Por cierto, ¿tu esposo sigue contigo?”. Pues sepa usted que por poco vomito al escucharla y con mi cara deforme, y los ojos llenos de ira, dejé mi boca cerrada. No podía creer tal cual imprudencia. Pero fui fuerte y con mi temple de bicha, le sonreí, me di la vuelta y la dejé hablando sola.

Demás está decir, que me pasé la semana reventando de rabia pensando en aquel momento incómodo en el que no dije nada. Hoy quiero usar este espacio para contestar diplomáticamente su pregunta. Y decido hacerlo aquí, porque sé que me lee y le da ‘like’ a mis columnas.

¿Qué cómo me siento con mi gordura?
Al principio me sentía fatal y todo gracias a personas como tú. Con el tiempo me sobrepuse y entendí que tengo que convivir con ustedes y aguantar presión. Para mí es bien difícil bajar de peso porque mi gordura vino acompañada de varias condiciones de salud con las que estoy aprendiendo a trabajar. Pero eso no fue lo único que trajo mi gordura...

En mi gordura, me casé con el hombre que amo y en la boda de mis sueños. En mi gordura, formé un hogar y una familia. En mi gordura, aprendí a ser madre del hijo que mi madre me crio mientras yo crecía. En mi gordura, conseguí un trabajo cómodo y estable. En mi gordura, fui mamá por segunda vez. En mi gordura, aprendí a ser feliz y a ser agradecida con lo que tengo. Soy tan feliz, que a veces salgo sin maquillaje y aún así sonrío, porque se quién soy, aprendí  a aceptarme y no me importa lo que los idiotas como tú piensen. 

Fui flaca, sí… pero mientras lo fui, no tuve la mitad de la felicidad, la estabilidad y la paz mental que tengo ahora. ¿Y sabes cuál es la mejor parte? Que así gorda como estoy, cuando mi marido me ve en ‘panties’, se vuelve loco.  

P.S.

Si intento dietas y trato de bajar de peso, sepan que lo hago por mi salud. Soy feliz con lo que tengo y así gorda, aprendí a ser un mejor ser humano. Gracias a todos los que me leen y entienden mi punto. Me gustaría bajar de peso, sí... pero no por los idiotas ni los imprudentes inoportunos, ya ellos no me afectan. Lo quiero hacer por mí. ¿Cuando será? Muy pronto :-)

Sean felices y aprendan a aceptarse.

Con amor,

Sheila Pérez de Carnevale