Puede ser que al leer el título, sonrías porque piensas que todos los gordos están amargados con complejos o pienses que soy cruel por lo directo e indirecto de mi pregunta. Durante mucho tiempo escuché y me sentí afectada por varios idiotas que me decían: “Wao nena… que gorda estás, no te reconocí”. A lo que yo, con la sonrisa mordida y la voz entre cortada respondía: “Así es la vida, no podemos ser perfectos para siempre”.
Mi cambio físico no
fue fácil y día a día batallo con eso. Es bien difícil o casi imposible
conseguir ropa con estilo y hacer muchas otras cosas que amaba... pero lo
manejo. Aún peor es, saber que saldré a
la calle y me cruzaré con un imprudente
que dirá lo que ya sabemos. Esta semana no fue diferente.
Caminaba por el colmado, a mala pata cerca de las chuletas y
una vieja “amiga” me saludó. En medio de la conversación dijo: “Y con esto de
la gordura, ¿cómo te sientes? Digo, como tú eras tan fashion… Por cierto, ¿tu
esposo sigue contigo?”. Pues sepa usted que por poco vomito al escucharla y con
mi cara deforme, y los ojos llenos de ira, dejé mi boca cerrada. No podía creer
tal cual imprudencia. Pero fui fuerte y con mi temple de bicha, le sonreí, me
di la vuelta y la dejé hablando sola.
Demás está decir, que me pasé la semana reventando de rabia pensando
en aquel momento incómodo en el que no dije nada. Hoy quiero usar este espacio
para contestar diplomáticamente su pregunta. Y decido hacerlo aquí, porque sé
que me lee y le da ‘like’ a mis columnas.
¿Qué cómo me siento con mi gordura?
Al principio me sentía
fatal y todo gracias a personas como tú. Con el tiempo me sobrepuse y
entendí que tengo que convivir con ustedes y aguantar presión. Para mí es bien difícil
bajar de peso porque mi gordura vino acompañada de varias condiciones de salud con las
que estoy aprendiendo a trabajar. Pero eso no fue lo único que trajo mi gordura...
En mi gordura, me casé con el hombre que amo y en la boda de mis
sueños. En mi gordura, formé un hogar y una familia. En mi gordura, aprendí a
ser madre del hijo que mi madre me crio mientras yo crecía. En mi gordura,
conseguí un trabajo cómodo y estable. En mi gordura, fui mamá por segunda vez.
En mi gordura, aprendí a ser feliz y a ser agradecida con lo que tengo. Soy tan
feliz, que a veces salgo sin maquillaje y aún así sonrío, porque se quién soy, aprendí a aceptarme y
no me importa lo que los idiotas como tú piensen.
Fui flaca, sí… pero mientras lo fui, no tuve la mitad de la
felicidad, la estabilidad y la paz mental que tengo ahora. ¿Y sabes cuál es la mejor
parte? Que así gorda como estoy, cuando mi marido me ve en ‘panties’, se vuelve
loco.
P.S.
Si intento dietas y trato de bajar de peso, sepan que lo
hago por mi salud. Soy feliz con lo que tengo y así gorda, aprendí a ser un
mejor ser humano. Gracias a todos los que me leen y entienden mi punto. Me gustaría bajar de peso, sí... pero no por los idiotas ni los imprudentes inoportunos, ya ellos no me afectan. Lo quiero hacer por mí. ¿Cuando será? Muy pronto :-)
Sean felices y aprendan a aceptarse.
Sean felices y aprendan a aceptarse.
Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

