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26 de noviembre de 2011

¿De que te quejas?

En estos días, una amiga me comentaba de los problemas que tenía con su esposo. Ella muy atenta a su familia y su hogar, él muy atento a la calle, a los amigos y a pasarla bien, lejos de casa. Muchos dicen: “El hombre es hombre”. Yo creo que lo dicen para justificar su indomable naturaleza. Pues sepan, que la mujer es mujer y la evolución la acompaña.

Hace algún tiempo (no muy lejano), el lugar de la mujer era en la casa cuidando a los hijos y realizando las tareas del hogar. La posición del hombre era trabajar para dar sustento a su familia y proveerles lo necesario. A raíz de esto, surgió la costumbre de agradecerle al hombre con libertad. El hombre trabajaba toda la semana y tenía derecho a salir solo el fin de semana para despejarse de la rutina. En ocasiones buscaban con quien despejare y muchas de sus mujeres lo permitían.

Esta amiga a la que voy a llamar Laura, era ama de casa. Se la pasaba buscando trabajo pero no tenía suerte. Su esposo la mantenía y vivían muy bien. Pero criado a la antigua, pensaba que tenía derecho absoluto de hacer lo que le viniera en gana por ser: “El Gran Proveedor”. Yo, me identificaba mucho con su situación pero no decía nada porque soy demasiado orgullosa para admitir que mi matrimonio no es perfecto (ups, creo que ya lo hice).

En fin, Laura se cansó de estar todo el tiempo en la casa, pasar tanto tiempo sola y depender de él económicamente. Decidió tomar su vida en sus manos y mando a volar al Gran Proveedor. No tenían hijos así que le fue muy fácil echarlo al olvido. Carlos (nombre que inventé) la llamaba constantemente a reclamarle su amor. Él no podía creer que Laura lo había botado.

Al poco tiempo ella conoció un hombre cariñoso, detallista y que si le gustaba compartir con ella. Así que decidió intentarlo. Una noche salieron y se cruzaron con Carlos. Este se volvió loco de celos y comenzó a reclamarle una vez más, a lo que ella llena de valor contestó: “Tienes libertad, tienes a tus amigos y tiempo de sobra para despejarte… Eso fue lo que siempre quisiste. Yo, tengo lo que tú no quisiste darme. ¿De qué te quejas?”

Cuando escuché esta historia me puse de pies y comencé a aplaudirle. Sí, lo hice. A veces fallamos en la toma de decisiones, pero de los errores se aprende. Tenemos que ser fuertes y si la cosa no va como debe, no podemos esperar a que mejore. En mi experiencia, o se queda igual o empeora. Ya es hora de pensar en tí, si es que aún no lo haces. Si eres de las que piensas en tí, vuelvo a ponerme de pies para aplaudirte.

Me duele admitirlo, pero mi esposo me introdujo en la cultura Arjonista y una vez más, este espécimen de dos patas tuvo razón cuando dijo: “El divorcio hay que celebrarlo más que el matrimonio porque es una decisión que uno toma por si mismo y el matrimonio es algo que se hace por presiones sociales”.

Hay personas que aciertan a la primera y hay otras, como Laura, que aciertan a la segunda. Si eres feliz, disfruta al máximo lo que tienes, pero si no lo eres, se valiente y busca tu felicidad. Despójate de lo que te molesta y te impide crecer como mujer y como ser humano. No te quedes donde no te necesitan que como dice la canción: “Lo que no conviene… se deja, se deja, se deja”

Con amor,
Sheila Pérez de Carnevale

P.D.
La vida te enseña, presta atención.

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